
La Organización de Productores Pesqueros Artesanales del Golfo de Cádiz (OPP72) vuelve a denunciar públicamente la difícil situación que atraviesa la flota artesanal que faena en el Estrecho y en el Golfo de Cádiz, ante la persistente falta de asignación de cuota de atún rojo. Esta reivindicación, que ahora cobra fuerza desde Conil, ya fue planteada semanas atrás en este diario en la voz del patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Tarifa, Manuel Suárez, en una noticia publicada el pasado 27 de junio bajo el título “La OPP72 al límite: sin cuota de atún no hay futuro”.
Desde ambas localidades se señala una misma preocupación: la exclusión de la pesca artesanal del reparto de este recurso vital. La ausencia de cuota de atún no solo impide el desarrollo digno de la actividad, sino que amenaza la continuidad de un oficio tradicional que da empleo y sustento a muchas familias de la costa gaditana.
Los datos de la lonja de Conil reflejan una tendencia alarmante en las capturas subastadas durante el mes de junio en los últimos cuatro años: en 2022 se subastaron 64.515 kilos, en 2023 bajaron a 41.703, en 2024 a 37.528 y en 2025 la cifra ha descendido aún más, hasta los 32.193 kilos. Esta caída no es consecuencia de una menor actividad o esfuerzo pesquero, sino de factores externos como el cambio climático, la presencia cada vez más agresiva del alga invasora Rugulopteryx okamurae en los caladeros y la existencia de una comunidad estable de atún rojo en la zona del Estrecho que altera el equilibrio del ecosistema.
La OPP72 denuncia que mientras se habla de sostenibilidad, no se están teniendo en cuenta las necesidades ni el impacto social que esta situación genera en la flota artesanal. Los pescadores que faenan con artes selectivas y de bajo impacto ambiental se ven, año tras año, apartados de un recurso como el atún rojo, cada vez más presente en la zona y clave para el sostenimiento del sector.
Por todo ello, se exige a las administraciones competentes una revisión urgente del modelo de gestión pesquera que contemple no solo la sostenibilidad ambiental, sino también la social y económica. Los profesionales del mar reclaman el acceso justo a los recursos pesqueros para garantizar el futuro de la pesca artesanal y de las comunidades costeras que dependen directamente de ella.
Desde Tarifa hasta Conil, la reivindicación es unánime: El mar da vida. Ahora necesitamos acceso justo a sus recursos.