
Imagen generada a través de Inteligencia artificial
¿Y ahora qué? Es lo que mucha gente progresista se plantea con el escándalo de la trama corrupta que afecta a algunos ex-miembros de la dirección del PSOE. Nadie debería negar que lo sucedido con el trío de las comisiones no deja de ser la peor noticia que podía esperar la gente progresista. Y así, sobre todo, por lo que está cayendo a nivel mundial con el avance de los movimientos más reaccionarios conocidos después de la Segunda Guerra Mundial.
Los populismos de extrema derecha poco a poco se han ido implantando en todo el centro europeo, en Estados Unidos y en otros muchos lugares del globo. Y ahora, aquí, aprovechan con una habilidad pasmosa determinados comportamientos censurables y, por supuesto, delictivos, para intentar sacar tajada y hacer creer que la única solución pasa por ellos. El problema aumenta cuando a ese mismo discurso se apuntan algunas fuerzas políticas que quieren ocupar un espacio de centro derecha en Europa.
Está claro que desde hace ya un tiempo la gente muy poderosa se ha empeñado en involucionar a la sociedad para que ellos puedan seguir aumentando sus riquezas. Por ello, posiblemente, frente a los movimientos alternativos que hace unas décadas copaban las portadas de los informativos y en el que se aglutinaban una inmensa mayoría de los jóvenes, quizás por ello se inició lo que desde la extrema derecha llamaron la “guerra cultural”. Esta idea no es otra cosa que implementar o poner en auge valores de esa ideología política, es decir: el odio a lo diferente y al extranjero, lucha contra el feminismo (dejando un papel secundario y de sometimiento de la mujer), ideas contra la protección del medio ambiente, postulados que atacan las libertades sexuales de las personas, defender el desmantelamiento del Estado del bienestar con la privatización de los servicios públicos como educación y sanidad, plantear que las pensiones no son sostenibles…y hace un largo etcétera que afecta a decenas o centenares de colectivos y a millones de personas. Y en ello, las redes sociales han jugado un papel fundamental, porque no cabe duda de que la mentira sólo se puede expandir con mentiras.
El hecho de que en España un gobierno progresista sustentado en diversas fuerzas de izquierda (unas con carácter estatal y otras con implantación territorial en determinadas comunidades autónomas) no gustó desde un principio y parecía que el objetivo era destruirlo desde fuera. Sin embargo, y a pesar de las adversidades políticas, el gobierno se mantenía y ello permitía aumentar el salario mínimo interprofesional, buscar soluciones al problema de la vivienda, aumentar los permisos por paternidad y maternidad, mejorar los contratos para los trabajadores y trabajadoras, trabajar en la reducción de la jornada laboral… Y todo ello con un aumento de la economía española que ha destrozado los peores augurios de esos que estaban dispuestos a hacer fracasar al gobierno por cada medida que tomaba. Lo dijeron con la reforma laboral, con el aumento del salario mínimo interprofesional, lo dicen con la disminución de la jornada laboral, etc.
Pero, como se suele decir en política, todo puede cambiar en muy poco tiempo y es lo que ha sucedido en esta última semana cuando se ha descubierto la trama de corrupción que afecta a ex-altos cargos del PSOE. Individuos cuyas conductas corruptas y faltas de ética han dañado más al gobierno de izquierda que la artillería pesada de los medios de comunicación y pseudo-medios de comunicación contrarios. Han hecho más daño que los grupos de oposición, quienes no han logrado convencer de que sus propuestas para España son mejores que las actuales.
Y, en este escenario, nadie sabe qué podrá pasar. ¿Aparecerán nuevos nombres en la trama? ¿Habrá adelanto electoral? ¿Esta situación será una nueva crisis que la mayoría parlamentaria del Congreso volverá a superar manteniendo al gobierno progresista? Por ahora, lo único que se sabe es que después de la reunión de ayer lunes de Pedro Sánchez con la ejecutiva del PSOE, su intención sigue siendo agotar la legislatura. Todo está por ver, pero el daño que esta gente sin escrúpulos hace a la política en general y a la izquierda en particular es grandísimo. Un daño que alimenta la desilusión de mucha gente de a pie que en pueblos y ciudades decide participar en la política para conseguir un mundo más justo, más sostenible social y económicamente y más habitable. Gente que ahora tiene que aguantar a energúmenos atacándoles como si se hubiesen llevado tajada. Lo que es, sin duda, es un gran daño.