
Que un sillón no vale lo que pesa, nadie lo duda. Aunque algunos, a la vista de lo acaecido, para conseguirlo están dispuestos a pagar un alto precio. Y es que se les ha visto el plumero cuando han echado pelillos a la mar queriendo hacer olvidar cuando se armó la de Troya, porque han podido creer que peor es meneallo. Pero hay quien considera que podrían tropezar dos veces con la misma piedra, al olvidar que el gato escaldado del agua caliente huye.
Los socios auguraban en campaña que empezaría en el pueblo el tiempo de las vacas gordas y vinieron a vender un cambio tan significativo que se podrían atar los perros con longanizas, ya que estaríamos en Jauja. Con más vista que un lince, intentaron dar gato por liebre al electorado y presentaron maquetas de proyectos como el que pone una pica en Flandes. Todo sonaba a música celestial, pero las apariencias engañan.
Después de haber tirado la casa por la ventana con una campaña electoral donde quisieron hacer bueno eso de poderoso caballero es don dinero, no pudieron llevarse el gato al agua, porque sólo unos pocos tragaron el anzuelo. Pero supieron coger la ocasión por los pelos, ya que fue mucho el dinero gastado para quedar como convidados de piedra y no poder arrimar el ascua a su sardina. Hoy por lo de las 400 viviendas se dice que mienten más que la gaceta.
Lo que sí han hecho ha sido armar un tiberio tras otro. Primero, presentando un proyecto para hacer el agosto, donde prácticamente se regalaba suelo municipal para que algunos pudieran ponerse las botas. Para justificarlo, montaron otro cirio afirmando que los colegios eran un peligro y que no tenían seguridad, que es el mayor tesoro. Se armó la marimorena y desde Cádiz dieron un tirón de orejas. La gente no se tragó el paquete de la bondad de regalar terrenos y empezó a sospechar que lo que quieren es darlas con queso. También ha habido denuncias por posible falsificación de firmas, que podrían hacer bueno eso de que tus palabras dicen lo que pretendes ser, tus acciones dicen lo que realmente eres. Porque las mentiras tienen las patas muy cortas.
Y en ellas están, con un día sí y otro también armando la gorda. No dudan en arremeter contra el propio PP, acusándolo de sólo buscar fotos y eventos, mordiendo la mano de quien da de comer. Quedan dos años y quién sabe si terminarán como el rosario de la aurora.
Hacerse víctimas es una estrategia que creen que se les da bien y, por ello, no tienen ningún problema en echar los perros a la oposición, a la que señalan como ignorante o causante de todos los males. Y, por si faltaba algo, también contra el funcionariado, a quienes acusan de ser una rémora y de vivir de la sopa boba. Pero cabe recordar que la culpa no es del ciego, sino de quien le da el garrote.
Y en este afán de no dejar títere con cabeza, muestran como el que no tiene razón se hace el duro. Porque el tiempo vuela y puede que, nuevamente, se haga bueno eso de prometer y no cumplir, mil veces lo vi. Y es que nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.
Y aunque empieza a llover sobre mojado, todo el mundo comenta que cuanto más dan el espectáculo, menos cartas toma en el asunto la primera autoridad. Esperemos no se vaya de mano, porque entonces se dirá a buenas horas mangas verdes. Algunos concejales comienzan a comentar que más vale estar solo que mal acompañado. Sin embargo, en los momentos más críticos parecen tener un as guardado en la manga y siempre vienen de Cádiz recordando que donde hay patrón no manda marinero.
Eso sí, en estos dos años los que gobiernan no paran de quejarse una y otra vez de no poder gastar lo que quieren por el plan de ajuste. En el PP deberían tomar rabillos de pasa y recordar que la última vez que gobernaron en el ayuntamiento hicieron las cuentas del Gran Capitán y lo dejaron casi en la ruina. Por ello, hubo que poner una moción de censura para arreglar el desaguisado. Y es que es verdad que más se queja quien se caga en la manta que quien la lava. Por eso, si de aquellos polvos estos lodos, no nos queremos imaginar, de seguir así, qué lodos tendremos en unos años y si se termina por cumplir que lo que mal empieza, mal acaba.
Esto es un desmadre.