Desde la atalaya: Poner una vela a dios y otra al diablo

Poner una vela a Dios y otra al diablo es un dicho referido a quienes quieren permanecer sin tomar partido, «sin mojarse», para no correr riesgos. En política parece que algunos partidos y representantes públicos están dispuestos a ello y mucho más con tal de acceder al poder. Algo normal si se tiene en cuenta que la mayoría de estos grupos y personas se presentan a las elecciones justamente para eso: para tener poder y con él manejar las cuestiones según su interés o criterio.

 

En estos últimos días, en la política local hemos visto varios gestos donde se manifiesta claramente ese dicho. Por ejemplo, la concejala coordinadora del Área de Servicios Sociales, Igualdad, Participación y Capital Humano ha hecho unas declaraciones donde expone que pretende que “Tarifa sea un referente del Día del orgullo”. En dichas declaraciones (hechas, por supuesto, en un negocio local) la concejala especificaba que “no se trata de una cita meramente festiva sino de la necesidad de visualizar a un colectivo y marcar su trabajo en pos de la igualdad”, igualdad que para ella conlleva “apoyar la demanda social del colectivo que tanto merece esa visualización y sus derechos”.

 

Todo este discurso parecería lógico en pleno siglo XXI y cuando se han superado, en parte (lamentablemente), los tabúes sobre la diversidad, orientación y la identidad de género. Son muchas las personas que han exigido y luchado por esta igualdad y superar los viejos patrones moralistas de los sectores más reaccionarios de la sociedad. Parece que estos sectores disfrutan queriendo recortar derechos y uniformando a todo el mundo bajo sus estrechos criterios de lo que está bien y mal.

 

Sin embargo, esta concejala parece olvidar (o lo que es peor, obviar) que su partido, el Partido Popular, pacta con la extrema derecha en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas. Y, por tanto, al hacerlo asume los postulados políticos e ideológicos de este grupo en cuyo frontispicio político está el recorte de estos derechos como de otros muchos. Y ello no es superficial, pensemos en cuantos ayuntamientos han empezado por retirar las banderas arcoíris de sus balcones debido a las exigencias de estos partidos. Por cierto, en lugares como en Valencia los colectivos LGTBI han pasado de los actos oficiales para no colaborar con quienes ponen una verbena, pero recortan derechos.

 

Ahora, a este discurso político se unen los mensajes que en las redes lanzan los grupos ultras. Estos mensajes van en la dirección de confundir a la gente, afirmando que ellos no discriminan cuando en su programa están en contra del matrimonio y la adopción por parte de personas homosexuales así como al cambio de sexo en la sanidad pública. En este estado de cosas cabe recordar también cómo el PP estaría dispuesto a pactar con los grupos de extrema derecha para acceder al Gobierno de España; y si ello pasara, que a nadie le quepa la menor duda que estos grupos harían lo que han hecho en otros países (véase lo que sucedió en Polonia, Hungría y más recientemente en Argentina con Milei).

Y eso que hace el PP en materia de derechos LGTBI se parece mucho a poner una vela a Dios y otra al diablo. En este caso, que cada lector o lectora establezca quién es Dios y quién el diablo.