La zambomba de ‘pita’. La música de la Navidad tarifeña

La zambomba es un instrumento campero, intrínseco del folclore sureño. De aquí, de toda la vida. A diferencia de otros lares donde la alfarería es pieza clave, la Zambomba Tarifeña, no tiene su tambor fabricado en barro cocido, en Orza, que es como se denomina, sino que es la base secada del ‘agave’ aquí más conocido como ‘la Pita’. Antonio García es uno de sus maestros artesanos
La zambomba de ‘pita’. La música de la Navidad tarifeña

 

 

Hay sabores y olores inherentes a la Navidad, lo son el de la miel de los pestiños y el limón de los roscos. Pero existe un sonido que es la pura esencia de las navidades más tradicionales de estos lares al sur del viejo continente. Es la percusión por excelencia de los villancicos con almas gitanas y aromas a pueblo. Es el metrónomo de los cánticos navideños. Es la Zambomba, y en Tarifa es un instrumento sui géneris y artesanal cuya elaboración se está perdiendo como muchas de las tradiciones.

La zambomba es un instrumento campero, intrínseco del folclore sureño. De aquí, de toda la vida. De aquí porque a diferencia de otros lares donde la alfarería es pieza clave, la Zambomba Tarifeña, no tiene su tambor fabricado en barro cocido, en Orza, que es como se denomina, sino que es la base secada del ‘agave’ aquí más conocido como ‘la Pita’. Lo que se denomina Pitaco, y que constituye no suelo el cuerpo estructural de la zambomba, sino su caja de resonancia y por tanto la que le dará el sonido tan peculiar y exclusivo, a cada una de estas joyas de la percusión que constituyen el auténtico compás de los villancicos populares con los que la música decora la Navidad tarifeña.

A pesar de que el tiempo engulle las tradiciones y artesanía popular, aún quedan en el municipio, auténticos luthiers de este instrumento. Uno de ellos es Antonio García, quién aprendió el oficio desde chico, enseñando por su tío Diego y su padre Manuel.

La Zambomba tarifeña debe de tener su procedencia en el vecino continente y consta de tres piezas fundamentales: El Pitaco, el pellejo (chivo, borrego, liebre o conejo) y el bitoque (la varilla que se percusiona) de cañizo. Cuenta Antonio que no hay tiempo para recoger la pita. Solo esperar que el clima sea más seco y una vez muerta la pita, sacar de la tierra su base, para cuchilla limpiarla y dejarla secar. “Hoy también me ayudo de lijadoras, que adelantan mucho el trabajo” Apunta.

El siguiente paso es “empellejar”. Así, si importante es la base de pita, no menos lo es el pellejo con el que se cerrará el tambor. Para ello en la campiña tarifeña se aprovechaba la matanza de borregos y chivos para aprovechar su piel. Aunque también se confecciona con pieles de liebre o conejo, todo dependerá del diámetro final de la zambomba. “Se pela y se curte la piel hasta dejarla lo más fina pero robusta posible. Se ablanda con agua y se estira mediante el “encañado” y se seca al aire, pero antes se embadurna con ceniza de las chimeneas. Eso le da mayor consistencia y durabilidad al ‘pellejo’.

Cuando se tiene a mano todos los avíos, llega el momento de su montaje. Se estira sobre el pitaco el pellejo y se grapa o clava en su cuerpo. En los lugares donde se utiliza el barro como tambor, la fijación del pellejo suele ser mediante cuerda de cáñamo aprovechando “el filo revuelto” de la pieza cerámica que evita que el nudo se suelte y la cuerda se mueva. Sin embargo, en el caso de la pita, que tiende a estrecharse en ambos extremos, esta fijación se realiza mediante clavos antaño y más en la actualidad, mediante grapas o chinchetas. En cualquier caso, se guarda un “cordón” de tela o de piel, a modo de embellecedor, y las propias chinchetas también además de la parte de fijación se utiliza a modo de decoración.

Viene ahora una parte delicada y vital en la propia finalización de la zambomba, que es la instalación de “bitoque” o ‘carrizo’. Se aprovecha la parte más gruesa de la fina vara para cuando el pellejo se empapa y se ablanda para fijarlo a este mástil. Primero se empuja hacia el interior del tambor y se retuerce, para fijar con cuerda o alambre la piel al bitoque aprovechando la parte más gruesa de este.

Asegura Antonio que “con el pitaco limpiado y seco…. Hacer la zambomba es solo cuestión de diez minutos”, y asegura que durante todo el año recolecta pitas y pitacos, pero solo cuando se deja atrás la festividad de Tosantos, es cuando realmente se comienza a preparar y fabricar. “Antes hacia muchas, pero ahora solo hago 6 o 7, las que por compromiso acepto su encargo”.

El lutier o maestro artesano, resta importancia a su oficio y sus singulares creaciones, pero sentencia a la hora de determinar, que la ‘zambomba de pita’ no es un instrumento simple y que no todo el mundo “por mucho que se crea que la toca, la toca bien”.

Antonio, se muestra orgulloso de sus creaciones y las defiende como el “verdadero compás de la Navidad”. Y es que la Zambomba tarifeña es por excelencia la base sonora de los pueblos del sur. La herencia de aquellas navidades antiguas donde los vecinos de la campiña iban de casa en casa, de diseminado en diseminado decorando con música tradicional las frías y ventosas noches de la Navidad tarifeña.

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