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Vidrieras de San Mateo

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Tenemos la suerte de tener uno de los templos, con una historia y un valor que ni podemos imaginar y que algunos lo denominan la Catedral del Campo de Gibraltar. Es labor de todos conservarlo y poder disfrutar de estas fantásticas vidrieras que, como hemos dicho en otras ocasiones, son “la luz que iluminan nuestra Luz”.

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Vidrieras de San Mateo

 

Aunque las primeras vidrieras documentadas parecen datar del siglo VI y hallarse en San Vital de Ravena, no podemos negar que, si pensamos en una iglesia gótica, en nuestra mente visualizamos un templo alto, esbelto, con arcos apuntados, pináculos, arbotantes, contrafuertes y, sobre todo, enormes y coloridos ventanales.

 

Pero la iglesia de San Mateo de Tarifa, pese haber sido levantada a inicios del siglo XVI de estilo gótico tardío, no siempre tuvo las maravillosas vidrieras que conocemos en la actualidad.

 

En efecto, habrá que remontarse al año 1956 cuando las cubiertas y bóvedas de nuestra querida San Mateo se encontraban en un deplorable y peligroso estado de conservación producido por filtraciones de agua, que estaban amenazando al inmueble con su posible derrumbe. Entre las obras de mejora se encontraba la colocación de las actuales trece vidrieras que vendrían a sustituir los ventanales góticos de la nave central, transepto y presbiterio, decorados hasta ese momento con tracerías. Las mismas vendrían a embellecer el templo con el fin de engrandecer los actos de Coronación Canónica de Ntra. Sra. de la Luz, la cual, no tendría lugar, como es sabido, hasta 2013.

 

El párroco de aquel momento, D. José Luis Mainé Vaca, más conocido como el P. Mainé, no dudó en solicitar ayudas que fueron aportadas por el Ministerio de Trabajo a través de D. Antonio Cazalla, delegado del Trabajo de la provincia de Cádiz, con un donativo de cuarenta mil pesetas para la causa. Asimismo, el Ayuntamiento de Tarifa respondió con una ayuda de veinticuatro mil pesetas. Las demás contribuciones llegaron de la mano de un tarifeño que no se encontraba en la localidad y dos feligreses; siendo uno de ellos D. Antonio Peralta. La feligresía completó el importe del presupuesto con las generosas colectas que se recogieron y así, el 1 de enero de 1959, según informaba el Diario de Cádiz, ya habían concluido las obras, de lo que se deduce que los trece vitrales fueron instalados finalmente en 1958.

 

Hasta el momento no se encontró más documentación de las vidrieras, y tampoco se conoce otra restauración más que la que tuvo lugar en el año 2003, estando de párroco D. Agustín Borrell García, de la que tampoco se halló información, siendo la empresa Vitralsur la que interviene algunos de los trece paneles, a las que coloca un cristal protector.

 

Pero las vidrieras y, sobre todo, sus soportes metálicos, continuaron con el deterioro con el paso de los años, producido por la oxidación y corrosión de los anclajes, que fueron generado desprendimientos de piedra y mortero tanto en el exterior como en el interior del templo, hasta el punto que el pasado 12 de mayo de 2021 el párroco D. Juan Pedro Varo Salguero, tomó la decisión de cerrar la iglesia al culto por motivos obvios de seguridad. La misma permaneció cerrada hasta el pasado 27 de noviembre de 2021, cuando el arquitecto diocesano garantizaba la improbabilidad de caída de nuevos cascotes.

 

Ocho de las trece vidrieras son las que están en proceso de restauración en el taller malagueño de la empresa VIARCA. Éstas responden a un estilo neogótico enfatizado por la forma de arco apuntado de los ventanales. Sin embargo, el apartado figurativo y narrativo, responde más bien a un estilo neobarroco apreciable en los ampulosos ropajes, la decoración ornamental de algunos de ellos, o en la actitud teatral de los personajes.

 

Las imágenes, el colorido, los detalles… nos iba acercando a una posible autoría que desconocíamos hasta la fecha porque, como hemos mencionado, no habíamos encontrado documentación. No obstante, durante los trabajos de campo y la investigación llevada a cabo para la ejecución del informe histórico-artístico previo a la restauración, confirmaba nuestras hipótesis ya que encontramos paneles firmados por los prestigiosos talleres Maumejean. ¡Lo teníamos delante y sólo había que mirar hacia arriba! Aunque hay que reconocer, que la rúbrica “MAUMEJEAN S.A. MADRID” no está tan visible como quisiéramos. Con todo, en las vidrieras de la capilla del Sagrario, sí que podemos leerla perfectamente.

 

Esta empresa es fundada en 1860 por el francés Jules Pierre Maumejean y, para ver la importancia que adquirió, citamos algunas vidrieras realizadas o restauradas como son las del Hotel Palace o el Banco de España en Madrid; o las de las catedrales de Burgos, Pamplona, Vitoria, Sevilla o Cádiz.

 

Así pues, la semana del 9 de agosto de 2021 se iniciaron las labores de impermeabilización de las cubiertas del templo por parte de la empresa VIGAR, actuación imprescindible para que no se produzcan filtraciones en los muros y, por tanto, en los nuevos marcos metálicos que albergarán las vidrieras, las cuales, empezaron a desmontarse la semana del 17 de agosto, por parte de VIARCA.

 

Tras el desmontaje de los paneles, la retirada de los marcos metálicos, saneamiento de zonas y reparación con mortero; se instalará el nuevo marco de acero galvanizado y un vidrio de protección que tendrá sistema de ventilación para prevenir la condensación y no perjudique a los vitrales ya restaurados. Mientras, los grandes vanos siguen protegidos con unas mallas que impiden el paso del agua de lluvia y de animales.

 

Por otro lado, en el taller y, entre las labores más importantes, se realiza la limpieza de las vidrieras, consolidación de capas pictóricas, (varias bastante deterioradas y casi perdidas debido a intervenciones anteriores no muy afortunadas); restauración de la red de plomo (algunas zonas muy deterioradas por el uso indebido de silicona), reparación de fracturas de vidrios, y reintegración de lagunas. Toda intervención será reversible y cualquier reposición será perfectamente identificable; algo que es sumamente importante y que, desafortunadamente, no siempre se tiene en cuenta a la hora de llevar a cabo una restauración, sea de la tipología que sea.

 

Tenemos la suerte de tener uno de los templos, con una historia y un valor que ni podemos imaginar; no en vano, no son pocos los que lo denominan la Catedral del Campo de Gibraltar. Se ha perdido mucho patrimonio a lo largo de la historia y no podemos permitir que se pierda más. Es labor de todos conservarlo y, en este caso también, contribuir con esta restauración de la que estamos deseando que concluya y poder disfrutar de estas fantásticas vidrieras que, como hemos dicho en otras ocasiones, son “la luz que iluminan nuestra Luz”.

 

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