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Pequeño homenaje a los canteros de mi pueblo

Con cariño para Matías y Salvador de Fran Terán, historiador. El oficio de cantero es uno de los más antiguos del mundo. A lo largo de la historia de la humanidad manos de rudos hombres han cincelado bellos templos e iglesias, fuertes murallas y útiles calzadas.

Salvador y Matías, dos de los canteros artesanos de la localidad
Salvador y Matías, dos de los canteros artesanos de la localidad
Pequeño homenaje a los canteros de mi pueblo

 

 

Toda una vida dedicada a su pueblo. El oficio de cantero es uno de los más antiguos del mundo. A lo largo de la historia de la humanidad manos de rudos hombres han cincelado bellos templos e iglesias, fuertes murallas y útiles calzadas.

 

Plasmar en piedra sus ideales es inmortalizar su obra. Y nadie mejor que estas dos grandes personas que refresco para nuestra historia, Matías y Joselito.

 

Ellos son grandes canteros de mi pueblo, Matías (quién nos dejó hace poco) fue el pionero; y Joselito, Salvador Iglesias Canas aún está en buena forma y llegó al oficio de muy joven y con grandes conocimientos y destrezas del material.

 

Por eso hoy quiero rendirles un pequeño homenaje a estas dos grandes personas, para que todos mis vecinos sepan que construyeron con paciencia a golpe de cincel con machota un buen sillar, un perfecto adoquín de mi pueblo por donde a diario caminamos.

 

El amor por el arte y las tradiciones culturales se hacen patente en la figura de estos dos grandes hombres.

 

La piedra trabajada artesanalmente es arte. Buscar la mejor esquirla o veta de la piedra para que quedase mejor a la vista, es sin duda una gran muestra de cariño y profesionalidad a su pueblo.

 

Matías era un hombre bueno, se llevó toda la vida dedicada a la construcción tradicional, desempeñando todos los trabajos propios de la albañilería.

 

Un cantero es más que un albañil, es un artesano que precisan de gran sabiduría e ingenio a fin de aguantar el largo día de trabajo y no caer agotado en las primeras horas de la mañana.

 

Matías que nació en el campo, en la cañada Matamoros y Salvador Iglesias son ejemplo de esfuerzo, tesón, humildad y nobleza pues cuentan que cientos de adoquines, muchísimas fachadas y más de una veintena de calles y plazoletas son capaces de susurrarnos al oído sus nombres al pasar caminando por ellas.

 

Sin planos, sólo echando un vistazo, el maestro cantero veía la profundidad del entorno de sus calles y la construcción, como si fuese por arte de magia, iba saliendo de su cabeza. “Las medidas a ojo… y lo más difícil, las esquinas”.

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