00:27 h. Miércoles, 17 de Octubre de 2018

Tarifaaldia

Víctima del Accidente producido por la explosión de un transformador de ENDESA

La sonrisa que ganó a la muerte

Esta es la historia de Francisco Fernández Parras, uno de los afectados en la explosión de un transformador eléctrico en un hotel tarifeño. Fran cuenta como superó todo su proceso de recuperación pese a llegar a tener el 75 por ciento de su cuerpo quemado y someterse a trece operaciones

Jesús Delgado Pantoja  |  24 de Mayo de 2018 (07:22 h.)
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Fran durante su larga recuperación en el Hospital sevillano, donde no dejó de mostrar su sonrisa/TAD.
Fran durante su larga recuperación en el Hospital sevillano, donde no dejó de mostrar su sonrisa/TAD.

Nota: A pesar de la crudeza de algunas de las imágenes, ha sido decisión del propio protagonista de esta entrevista mostrarlas en su convencimiento de que, “no solo basta con las palabras para llegar a comprender por lo que se pasa, y espero que con esta entrevista ayudar a muchísima gente”.

 

 

                          Aspecto actual de Fran

 

Era un sábado cualquiera de verano. Fran, joven tarifeño de 23 años entonces, se levantaba para acudir a su cita en la peluquería, tras una dura noche de trabajo en una de las discotecas de la localidad. Nuestro protagonista, graduado en Administración y Dirección de Empresas, trabajaba además en un restaurante a las afueras de su pueblo, con el objetivo de poder recaudar el máximo dinero posible para seguir formándose en su profesión sin tener que requerir ayuda económica a sus padres. Fran descansaba un poco en casa antes de entrar en el restaurante, a sabiendas de lo mucho que se trabaja un sábado de verano.

 

Llegan las cinco y media, tocaba entrar a trabajar. Había que dejarlo todo preparado para todas las cenas que servirían aquella noche, pero antes, todos los compañeros cenarán juntos sobre las siete y media de la tarde, como es habitual, para no tener que hacerlo en el cierre, de madrugada. El chef prepara pasta y todos se sientan a comer, en una mesa apartada de la terraza del restaurante, pero al aire libre también. Lo que ni Fran, ni ninguno de sus compañeros se imaginaba, es que aquella cena del 5 de agosto acabaría con la vida de dos de sus compañeras y cambiaría la vida de todos los demás, incluida la suya.

 

                                          Fran antes del accidente

 

Un transformador eléctrico situado cerca de la mesa donde comían, explota. Las llamas y el aceite que suelta dicho estallido les alcanza, aunque no a todos por igual. Fran no lo duda un segundo, y su primera intención es salir de ahí. Junto a él se encuentran Mari y Sara, dos compañeras que están gravemente heridas y que dificultan su escapatoria. Pero en un acto de desesperación, consigue saltar el banco, se desprende de toda su ropa y comienza a correr para pedir auxilio. “En ese momento mi único pensamiento era que no me podía morir tan joven”, declara el tarifeño que en aquel momento consiguió llegar hasta el hotel colindante para pedir ayuda. Los trabajadores de dicho parador, no conseguían reconocer a Fran, ya que la mayor parte de su cuerpo estaba quemado.

 

“Me senté en una piedra y de la misma adrenalina no sentía nada, pero si me veía los brazos completamente negros”, señala Fran, que fue el primero en ser atendido por los servicios de emergencias. Una vez en la ambulancia, los sanitarios intentan tranquilizarlo y lo trasladan hasta el hospital de Algeciras. Esa misma madrugada tiene que ser trasladado a Sevilla, ya que el hospital algecireño no dispone de medios para tratar a este tipo de heridos, y en la capital hispalense se encuentra la unidad de quemados del Hospital Virgen del Rocío. 

 

Sus padres se trasladan inmediatamente con él a Sevilla, la compañía eléctrica se encarga de buscarles un piso para que puedan estar cerca de su hijo en todo momento. En el Virgen del Rocío las noticias tampoco son buenas, uno de los médicos que atiende a Fran se sincera con sus padres y les dice que su hijo no pasará de las 48 horas. Ha llegado con casi el ochenta por ciento del cuerpo quemado, además son quemaduras de tercer grado y bastante profundas, lo que hace que las esperanzas sean escasas. Las noticias que llegan de sus compañeros tampoco ayudan, Fran esta sedado y no está informado de su entorno, pero sus compañeras Mari y Sara han fallecido. Tenían un mayor porcentaje del cuerpo quemado y los médicos no han podido hacer nada. Fran pasa a ser en ese momento el afectado por el accidente más grave de todos, y por su posición en la mesa en la que comían (entre Mari y Sara) su recuperación sería un milagro.

 

Pasan las 48 horas y nuestro protagonista seguía con vida, aunque los médicos de la UCI siguen sin ser muy optimistas con su recuperación. Esta vez las previsiones no pasan de la semana. Mientras tanto, sus padres no podían entrar a su box a verle, solo tenían acceso sus médicos y enfermeros, ya que había riesgo de contraer cualquier tipo de infección que pueda agravar la situación.

 

Las operaciones y las curas se realizaban con pieles sintéticas y de cadáveres, ya que el cuerpo necesitaba una hidratación para su mejora y para la propia protección de sus órganos. La recuperación era mínima, pero la esperanza nunca se perdía. Las dos de la tarde era la hora más temida por los padres de nuestro protagonista, ya que era el momento en el que se citaban con los médicos. Uno de esos mediodías, el padre de Fran notó con algo más de ánimo a su doctora y esta les hizo saber que parecía que la situación comenzaba a mejorar aunque tampoco les aconsejaba que se ilusionaran, pero en ese momento era la noticia más esperanzadora que podían recibir.

 

Cuando todo parecía prosperar, una negligencia casi acaba con la vida del tarifeño. Al intentar ponerle una vía en la subclavia, le perforan un pulmón, por lo que es necesario colocar un drenaje. Problema que pudo solventarse y que solo quedó en una anécdota más en esta historia de supervivencia, que parece sacada de un comic de ciencia ficción.

Fran, que todo este tiempo estuvo inconsciente, reconoce ahora que tuvo una visita muy especial, y para él clave, mientras luchaba por su vida en la UCI. “Mi abuelo, que falleció hace tres años, vino a verme mientras me debatía entre la vida y la muerte. Me dijo que no me podía ir con él, que tenía que volver para cuidar de mi abuela”, detalla el protagonista, asegurando que recuerda el encuentro con la misma realidad como la de la propia cita de esta entrevista. “Yo antes no creía en estas cosas, hasta que me pasó a mí”, apostilla.

 

El 28 de agosto se llevó a cabo un concierto benéfico en Tarifa, con el objetivo de recaudar fondos para los afectados de este accidente y sus familiares. El destino esta vez contribuyó para que ese mismo día, desde Sevilla, llegará la mejor de las noticias. Fran había despertado. Uno de los primeros en hablar con él fue su hermano, que se encontraba colaborando en dicho acontecimiento. “Recuerdo la felicidad de mi hermano cuando pudo hablar conmigo por teléfono, me dijo que todo el pueblo se había volcado con la causa”, señala.

 

Una vez consciente, Fran reconoce que su recuperación en Sevilla fue dura, ya que nadie podía entrar a verle, excepto sus padres que se turnaban un día cada uno para darle la cena, equipados  de pies a cabeza para evitar cualquier tipo de contacto o infección. “Yo veía a todo el mundo a través de un cristal. Tampoco conseguía adaptarme a los horarios de las comidas y me costaba descansar en las camas del hospital” comenta Fran, añadiendo que una de las cosas que más echaba de menos era la comida casera, en especial las lentejas de su abuela.

 

                    Fran en el box del Hospital Virgen del Rocío

 

“Recuerdo que nada más despertar pregunté por mis compañeras Sara y Mari, por mi hermano y por mi móvil. Y le dije a mi madre que no había ido a trabajar a la discoteca”, señala Fran, que desconocía el estado de ambas. El 5 de septiembre, justo un mes después del accidente, a nuestro protagonista lo trasladan a planta y le dan la noticia del fallecimiento de sus compañeras. Tardaron más en darle la información, ya que no querían que esto afectara a su recuperación, aunque este reconoce que en ese momento ni reaccionó, se quedó en estado de shock.

 

“Todos los enfermeros actuaban como psicólogos en esos momentos, eran los que me daban las ganas de seguir adelante y recuperarme”, apostilla Fran, que después de todo se sentía afortunado por estar vivo y se sentía como si hubiera vuelto a nacer.

 

A partir del 6 de septiembre comenzaron las operaciones de injertos de piel de otras zonas de su cuerpo no afectadas a las zonas más dañadas como eran los brazos y las piernas. “Recuerdo que me dormían para las operaciones, y al despertar de una de ellas me miré el brazo y tenía parte de un tatuaje que tenía en la ingle”, declara Fran, que cuenta la anécdota como algo gracioso.

 

Todo progresaba adecuadamente, incluso recibió un regalo muy esperado el día de su cumpleaños, 17 de septiembre. Los enfermeros le habían comprado una Coca Cola Zero. “Por lo visto una de las primeras cosas que pedí al despertarme fue una Fanta de naranja, cuando yo no suelo beber Fanta”, apuntilla.

 

“Cuando me sedaban para las curas, me ponía a cantar sevillanas y coplas de carnaval según me cuentan los enfermeros que se lo pasaban pipa conmigo”, explica el tarifeño, haciendo ver la buena actitud que tenía siempre, cuando a otros pacientes les da por quejarse en estos casos.

                             Fran, una vez trasladado a planta.

 

Actitud alegre, luchadora y bromista, Fran facilitaba el trabajo de todos y acortaba su proceso de recuperación. “Solo recuerdo una semana mala a finales de octubre, en la que me agobié por ver a mis padres allí cada día y ver cómo estaban sufriendo por mí”, comenta Fran, reconociendo que este puntual bajón no le favoreció nada en su recuperación.

 

“Una de las primeras cosas que le pedí a mi madre fue que me echara una foto, porque quería verme la cara. Cuando vi que no la tenía tan afectada como otras partes de mi cuerpo me motivé mucho más”, señala, asegurando que su actitud no hubiera sido la misma si su rostro hubiera resultado más dañado.

 

El 22 de noviembre y tras trece operaciones, es trasladado desde Sevilla hasta Algeciras. “Reconozco que tuve miedo, porque en Algeciras no están acostumbrados a tratar a pacientes con quemaduras como las mías, y yo me sentía muy seguro con mis médicos y enfermeros de Sevilla”, comenta Fran, recordando el primer traslado que le hacía estar cada vez más cerca de su casa.

 

En Algeciras comenzaron los ejercicios de rehabilitación para los brazos y las piernas, uno de los ejercicios era intentar andar poco a poco por el pasillo del hospital. “Un pasillo de apenas diez metros se me hacía eterno, y reconozco que las piernas me costaba ejercitarlas mucho más que los brazos”, aclara.

 

Los médicos le aconsejaban que se lo tomara con calma, ya que la rehabilitación era un proceso lento. “Yo quería recuperarme lo antes posible para poder ir a la Feria de Sevilla, y todos los días se lo decía a mi médica”, señala Fran, que ponía todo de su parte para que la recuperación se avanzara a pasos de gigante.

 

                                          Fran en rehabilitación

 

El 14 de diciembre, y después de más de cinco meses hospitalizado, Fran recibe el alta médica y puede regresar a casa. “No quería perderme ningún acontecimiento una vez que me dieron el alta, pero al principio sabía que tenía que tener mucho cuidado”, apostilla el tarifeño que tenía como obligación diaria proteger su piel por encima de todo.

 

Su rutina pasaba a ser a ir a clases de inglés un par de días a la semana, ir a rehabilitación a Asepeyo (Algeciras) a diario y una vez en semana tenía cita con su psicóloga. “Cuando te pasa algo como lo que me ha pasado a mí, tienes dos opciones, o tiras para adelante o te hundes. Yo quería tirar para adelante y disfrutar al máximo esta nueva oportunidad que me había dado la vida”, comenta felizmente, después de haber vivido ese calvario.

 

“Hay muchas noches en las que me acuerdo de mis compañeras, y me pongo a llorar”, comenta el tarifeño, y añade que intenta evitar hablar del accidente con los demás compañeros. “Sé que psicológicamente estoy mejor porque no me dio tiempo a ver lo que vieron los demás”, señala. 

 

Pasaron los meses y Fran consiguió el objetivo que se había propuesto en el hospital algecireño, ir a la Feria de Abril de Sevilla. “Estaba en una de las miles de casetas que hay en Sevilla y escuché a un hombre decir que se tenía que ir que al día siguiente tenía que entrar a trabajar en el hospital. Cuando me acerqué, me di cuenta que era el mismo médico que le había dicho a mis padres que no pasaría de las 48 horas. Lo saludé y le dio una alegría inmensa verme por allí”, comenta nuestro protagonista, que ocho meses después de llegar al Virgen del Rocío con el 75 por ciento del cuerpo quemado, se encontró en una caseta de feria con uno de los médicos que le salvó la vida.

 

                                Fran con la fisioterapeuta

 

Esta es la historia de un verdadero guerrero, de esos que no les hace falta mayor escudo que su simpática sonrisa. Fran es un ejemplo a seguir para cualquier persona, ya que pese a que su vida dio un vuelco desde el día que se sentó a comer ese plato de pasta con sus compañeros, ha sabido reponerse a cada situación y siempre con una actitud positiva. Pocas personas pueden presumir de haberle echado un pulso a la muerte y haberlo ganado. Por todo eso y más, ahora te mereces saborear bien tu gloriosa victoria.