La libertad confinada

La irrupción en nuestras vidas del COVID-19 ha alterado los planes de muchos caravanistas o campers a los que la alerta sanitaria cogió de improviso por las carreteras y destinos turísticos alejados de sus residencias

Mateo confinado dentro de su vivienda actual / S.T.
Mateo confinado dentro de su vivienda actual / S.T.
La libertad confinada

 

 

Tarifa ha sido desde hace mucho tiempo, -coincidiendo con el boom turístico que supuso la ingente llegada de guiris en furgonetas, que por la mañana surcaban las olas y el mar atlántico a bordo de unas tablas que propulsaba coloridas velas infladas por los fuertes vientos reinantes, y por la noche crearon la ‘movida tarifeña’- un destino furgonetero y de autocaravanas

 

El ancho término municipal, unido a su amplio litoral bañado por las aguas del Mar Mediterráneo y del Océano Atlántico, le hizo ser destino turístico de miles de personas que llegaban de todos los rincones de Europa, al reclamo del windsurf, el viento, las olas, el mar. Primero centenares de jóvenes procedentes de la parte más norteña del viejo continente, Alemanes, daneses, suizos, pero también franceses y una horda de italianos en agosto, que más que por el windsurf, acudían hasta Tarifa por su cercanía con África, con Marruecos y por tanto con la posibilidad de fumar canutos a mansalva, que todo hay que decirlo.

 

En la década de los 80 comenzaron a florecer cámpines que hoy (cuando pase la pandemia) durante la época estival están al 100% de ocupación. Pero no a todo el mundo disfruta de los beneficios, servicios y comodidades de un recinto aislados y no son pocos los que bajo la mal llamada ‘acampada ilegal’ han disfrutado, disfrutan y pretenden seguir disfrutando de la acampada libre, inherente a la propia esencia de la localidad, su herencia más jipis.

 

La protección medioambiental, unida a malas prácticas de algunos, y el celo del sector hoteleros y cámpines, ha reducido al máximo esta práctica, e incluso la pernocta -que no acampada- a la que ampara la Instrucción 08/V-74, del Ministerio del Interior por la que autoriza su estacionamiento como cualquier otro vehículo en las ciudades, siempre y cuando que su estacionamiento, no altere el tráfico por cuestiones de dimensiones. No obstante, el hecho de que esta norma sea potestad de las ordenanzas municipales, ha `propiciado que muchos ayuntamientos, presionados por la industria hotelera le hayan declarado la guerra a las furgonetas, autocaravanas, y autocaravanas, obligándolas a estacionar en recintos como áreas de autocaravanas o cámpines.

 

Primer década del 2000, comienza la guerra contra las autocaravanas

 

Tarifa comenzó su guerra contra las autocaravanas en el 2004 cuando el pleno del ayuntamiento con el apoyo unánime de todos los partidos políticos aprobó las primeras ‘Ordenazas Municpales Contra la Acampada Ilegal’. Aquel documento entendía por acampada libres, la instalación de uno o más albergue móvil, caravana, tienda de campaña u otros elementos análogos fácilmente transportables o desmontables fuera de los campamentos de turismo regulados por las leyes. La prohibición se extiende y será objeto de sanción a lo largo y ancho de todo el término municipal. Sin embargo, y a pesar que existen diferencias más que notables entre la acampada y la pernocta, las ordenanzas contra ‘la acampada ilegal’ ha sido y es utilizada desde entonces, para impedir la pernocta de furgonetas y autocaravanas en la mayoría de estacionamientos del término municipal.

 

Contrariamente a la guerra declarada a este turismo en nuestro municipio, en otras localidades como Málaga ha sido subrayado positivamente por el sector empresarial hostelero que ha visto en él, un nuevo yacimiento de beneficios. Otras regiones como Galicia, Cantabria, Valencia, ya han buscado sus beneficios en lugar de sus perjuicios y han adaptado su oferta turística a este tipo de turistas del que el portal Hosteltur apunta: “Se calcula que los españoles han gastado de media 949 euros en reservas de viaje en autocaravana, superando los 866 euros del año pasado (+8,83%). En cuanto a las pernoctaciones no ha variado respecto al año anterior y se sitúa en una media de 6,5 días de estancia mínima”.

 

Tarifa por su clima, sus posibilidades deportivas y turística tiene una numerosa presencia de este tipo de turismo, que dependiendo de las economías de cada cual, alarga su estancia durante buena parte del año. Así hay que distinguir dos perfiles muy señalados. El de los jóvenes de 18 a 25 años que viajan en pandilla y por estancias de una semana, y un turismo de mayores de los 45 años, que viajan fundamentalmente en pareja, y alargan sus estancias por tiempo indefinido o indeterminado. A este grupo pertenecen jubilados de toda Europa que mantienen una estancia en nuestra zona, ya sea en cámpines o en ruta durante una media de dos meses.

 

El COVID-19 sorprende a muchos lejos de sus casas

 

La irrupción en nuestras vidas del COVID-19 ha alterado los planes de muchos caravanistas o campers a los que la alerta sanitaria cogió de improviso por las carreteras y destinos turísticos alejados de sus residencias. La PACA, la Plataforma de Autocaravanistas de Autónoma estima que la declaración de alerta cogió en ruta o en diferentes destinos a más de 20.000 vehículos. Muchos de ellos se acogieron a la autorización de retorno a sus residencias habituales, pero otro no, ya que no les obligaba a ello, sino a permanecer confinados en el lugar donde ‘les pilló la declaración’. Y es que de hecho, según sentencia del Tribunal Supremo las autocaravanas o caravanas, “son o pueden ser consideradas a efectos legales como domicilios y/o morada”, apunta Jesús Gallardo, presidente de la plataforma.

 

Algunos se fueron otros.....

La mayoría de autocaravanistas con presencia en la localidad, se marcharon al inicio de la alerta, pero hay quienes decidieron permanecer en el área municipal hasta que “el asunto se aclarase”. Son los casos de Eréndira Falcón y su pareja Jorge que han pasado cerca de 50 días antes de que hace pocos días pudieran tomar rumbo a Cádiz en un intento de conseguir un pasaje que les permita embarcar en el enlace marítimo semanal que la península mantiene con su lugar de residencia, en Gran Canarias.

 

Mientras cargan agua, sueltan aguas negras y grises, la pareja manifiesta haber pasado un confinamiento “cómodo y sin necesidades aparentes” con la radio como compañera e informante. A pesar de las “comodidades y libertad” que la vieja Fiat Ducato les ha dado, han optado por la comodidad y otros servicios que les da el hogar habitual.

 

El Consistorio a través de Asuntos Sociales, también ha gestionado el retorno a Inglaterra de una joven madre, que a su cargo mantenía cuatro pequeños, confinados en una autocaravana allí estacionada desde hace meses. Algunos vecinos habían denunciado que esta madre permitía que los niños saliesen de la caravana durante el confinamiento. Algo no solo lógico, sino vital pues es del todo impensable que cuatro pequeños puedan estar confinados en una caravana sin salir durante todo el día. No obstante los pequeños y su madre no salían del recinto vallado, lo que le hacía imposible mantener contacto con alguien del exterior como dicta la norma actualmente establecida.

 

 

Mateo Alessio es otro caso de los residentes en el área de autocaravanas de La Marina. El joven es un caso muy distinto, es monitor de Kitesurf y lleva 10 años residiendo en Tarifa en diferentes casas. El pasado año y con la intención de tener un vehículo que le permitiese regresar a su Venecia natal, decidió comprar una vieja autocaravana con mucho encanto, una Fiat Ducato Turbo D con un aire vintage que le confiere un misticismo especial. Nos atiende por la pequeña ventana confinado en su particular vivienda. En su especial jardín rodeado de vehículos vacíos, la mayoría propiedad de tarifeños a los que el empadronamiento les permite mantener allí. Con su inconfundible acento italiano, que ya alberga vocablos típicamente tarifeños, sonríe a la “extraña situación” y a pesar de su confinamiento señala a las sillas que junto a su moto chopper, como su evasión.

 

Mateo no solo se ha visto sorprendido por el confinamiento obligado, sino que también ha sufrido un ERTE, por lo que sus ingresos son actualmente nulos. Con resignación y en soledad espera que la crisis sanitaria pase y se flexibilicen las medidas del confinamiento, que le permitan codearse con otros habitantes de la ciudad a la que hace semanas que no ve. Mientras, mira al mar desde su ventana y saluda en la distancia algunos otros moradores de esta singular parcela de “libertad confinada” en la que se ha convertido en área de autocaravanas. durante la pandemia.

 

 

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