Tarifaaldia

La ‘Cueva de las orcas’ en Atlanterra

Se trata de un pequeño abrigo cuyas paredes están repletas de pinturas rupestres que podrían ser una almanaque para la pesca del atún hace 5.000 años 

La ‘Cueva de las orcas’ en Atlanterra

 

Hace más de 5.000 años un hombre decidió aprovechar una pequeña oquedad en una gran roca  granítica para poner en marcha una idea que llevaba tiempo fraguando en su cabeza. El hombre volvió la vista hacia el mar a su espalda para asegurarse de que el lugar elegido tenía la orientación correcta y comenzó a trabajar. Excavó en la roca para agrandar el hueco poniendo buen cuidado en darle la forma adecuada, mientras tanto seguía preguntándose si sus observaciones serian correctas, y se imaginaba como quedaría la cueva una vez hubiese terminado el trabajo. Necesitaría más de un año para ver terminada su obra.

 

Rodeada de chalets de lujo, en la falda oeste de la Sierra de la Plata, mirando al mar, se encuentra una de las joyas arqueológicas más interesantes del entorno de Tarifa, la Cueva de las Orcas. Se trata de un pequeño abrigo cuyas paredes están repletas de pinturas rupestres. Nuestro municipio cuenta con decenas de muestras de pinturas rupestres similares, casi todas de estilo esquemático y datadas en una horquilla de 200.000 años entre el neolítico y la edad del hierro, pero esta cueva tiene una historia especial.

 

El autor de este reportaje, junto a la entrada al abrigo.

 

Su historia la narra con claridad el fallecido investigador Mario Morcillo Moreno en un interesante vídeo que podéis encontrar sin dificultad en internet. Mario Morcillo al que no tuve el honor de conocer personalmente, se me antoja que fue de esas personas en las que la pasión por aprender, el afán por ir más allá, por divulgar el conocimiento, les lleva a emprender tareas colosales, quijotescas, de final incierto pero que solo personas así son capaces de llevar a buen puerto.

 

Mario realiza una curiosa interpretación de las pinturas de esta cueva, según él el refugio está excavado artificialmente y cumplía un propósito muy específico, ayudar a las personas que vivían en esa zona hace 5000 años a capturar a los atunes que al principio de la primavera utilizan el Estrecho de Gibraltar como paso hacia el mar Mediterráneo desde diferentes zonas del océano Atlántico para desovar.

 

Las pinturas del interior de la cueva pueden diferenciarse en dos partes o “lienzos” diferentes. Una persona que mirara hacia el interior encontraría a su izquierda una serie de dibujos esquemáticos que le traerían reminiscencias marinas; un pez pequeño y uno grande, barcos con mástiles y remos, una figura claramente humana...y otros muchos trazos difícilmente interpretables. En el centro una cruz con una punta de flecha dirigida hacia arriba. Y al otro lado de la cruz una serie de puntos, de marcas realizadas parece con la punta de un dedo mojada en tintura que recorren lateralmente la pared hacia la derecha, sobre algunas de estas marcas ciertos dibujos parecen querer destacarlas sobre las demás. Alrededor de nuevo encontramos también otras figuras no interpretadas.

 

Siguiendo la explicación de Morcillo las marcas de la derecha formarían un calendario solar, el sol al ponerse sobre el horizonte refleja en la pared de la cueva la sombra de una hendidura practicada en la parte superior en la entrada coincidiendo con una de las marcas de tintura. Como si de un baile eterno se tratara, la sombra se desplaza a lo largo del año sobre la pared de la cueva señalando nuevas marcas, dos fechas están especialmente señaladas en este fantástico y sencillo calendario. El solsticio de invierno y el de verano. El de invierno, señalado por la cruz y la flecha, es el primero por la izquierda y sin duda era un día especial porque en ese momento del año el sol se “para”, es decir, durante dos atardeceres seguidos la marca se repite. Pero el día realmente importante es el otro, el solsticio de verano, señalado por un dibujo en forma de letra uve con los trazos levemente curvos, ese dibujo le da nombre y sentido a la cueva. En la primera luna llena después del solsticio las orcas llegan a estas aguas, la fecha está señalada en la pared de la cueva con esa extraña uve que recuerda al dibujo que orcas hembras y machos llevan en sus lomos. Las orcas, que tienen que salir a respirar regularmente y por tanto son visibles para los hombres, son el anuncio de los bancos de atunes a los que persiguen y acosan. Para los hombres que construyeron esta cueva la llegada de las orcas era la promesa de toneladas de comida pasando ante sus costas, atunes que podrían comer y salar para su conservación durante las próximas semanas. Este es el verdadero sentido de la cueva. La pesca del atún. El panel derecho dice “cuando” y el izquierdo explica “como” pescar a estas grandes bestias marinas, quizás las figuras de barcos, peces y hombres sea un manual de instrucciones para la pesca del llamado “oro rojo”.

 

Mario Morcillo extiende sus teorías con datos que añaden misterio al asunto, los atunes son llamados carneros de mar desde el tiempo de los griegos y los romanos y el mismo signo de la uve curva es el símbolo de aries, el carnero zodiacal, cuyo signo reina durante las fechas que señala la marca. El otro símbolo, la cruz y la flecha son los de sagitario, cuyo signo también coincide sus fechas zodiacales con el solsticio de invierno.  Datos imposibles de explicar puesto que los signos zodiacales proceden de Sumeria y Babilonia y se suponen pertenecientes a otra época posterior a la datación de las pinturas. Relaciona también el investigador la pesca del atún con el auge y expansión de las principales culturas mediterráneas a lo largo del tiempo, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, árabes...

 

En resumen, parece que aquellas figuras que pintaron los habitantes de esta región hace más de 5.000 años, demuestran que eran personas sumamente inteligentes, que sabían interpretar las señales del medio que les rodeaba, que utilizaban aquella información para su beneficio y lo más importante, que quien hizo esas pinturas quería comunicar algo, quizás a nosotros... sus descendientes en este hermoso trozo del paraíso entre el mar y la tierra.

 

La cueva de las orcas esta ahora protegida por una gruesa y recia reja de metal. Los actos incivilizados y  el vandalismo de algunos de nuestros contemporáneos han hecho necesaria esta medida para que podamos conservar esta muestra del extraordinario legado arqueológico que riega por doquier el municipio de Tarifa; Las ruinas de la ciudad romana de Baelo Claudia y sus infraestructuras asociadas; acueductos, canteras, calzadas..., restos de antiguas ciudades prerromanas amuralladas, tumbas antropomorfas excavadas en las rocas de época indeterminada, torres almenaras medievales, fortificaciones militares de diferentes épocas...Tarifa es para un aficionado a la historia y la arqueología lo que Disneyword a un niño o una niña de nueve años.

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