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Las acuarelas de Jean Paul Schifrine, entre lo onírico y real

A base de rotulador construye el esqueleto de sus coloristas obras que mancha después del último ágil trazo. A partir de ahí su vista y su capacidad inventiva a un duelo colorista entre lo onírico y lo real, que tiene como consecuencia una pintura en la que reconocer aquel sitio por donde convergen los pasos de los tarifeños, pero desde una nueva visión

Las acuarelas de Jean Paul Schifrine, entre lo onírico y real

 

Las acuarelas de Jean-Paul Schifrine denotan su interés y pasión por ser viajero, -que no turista- y su capacidad técnica y artística. Es un viajero porque busca y encuentra esos espacios que para la mayoría de las personas pasarían inadvertidos. Para su zagás vista poética y artística ese olvidado rincón donde languidece un viejo poste eléctrico, se convierte en un lugar, un espacio físico con vida, haciendo de una naturaleza muerta, un ser vivo.

 

Desde mediados de septiembre y el pasado lunes las salas de La Cárcel Real han acogido su particular acta notarial de lo que alcanza su vista. El viajero capturador de rincones, pasea al viento con una silla a cuesta, una lata de acuarelas, un bloc de dibujo A3, unos pinceles y unos rotuladores (de punta fina). Con estos últimos construye el esqueleto de sus coloristas obras que mancha después del último ágil trazo, que no es un simple bosquejo, sino que encierra todo el peso de una obra de arte. A partir de ahí su vista y su capacidad inventiva, juegan en un duelo colorista entre lo onírico y lo real, que tiene como consecuencia una pintura en la que reconocer aquel sitio por donde convergen los pasos de los tarifeños, pero desde una nueva visión. O descubrir esas ciudades y construcciones inventadas que recorren las calles de la inquieta mente del pintor.

 

Este arquitecto jubilado deja en el rugoso papel su particular visión de rincones, como La Ranita, la Plaza de la Fuente, la muralla, el castillo de Guzmán, el camino de la Isla, La Calzada, la Plaza de Oviedo, El Miramar, rincones y rincones, donde el azul del cielo se funde con los ocres de las tejas de barro cocidas que de los tejados de las casas retratadas desde azoteas y lontananzas. Verdes arboledas entre cal blanca de casas antiguas, y verdes bronces de estatuas de personajes que marcaron la historia de la localidad. Todos son retratados, inmortalizados con la acuosa sangre de las acuarelas que Jean-Paul maneja con reconocible maestría en cada trazo, como en propio arte del dibujo.

 

Acaba de descolgar sus obras de la Cárcel Real, pero tengan por seguro que podrán encontrarle de nuevo, en cualquier rincón, en cualquier calle o plaza inmortalizando un momento efímero que permanecerá en el tiempo firmado con tenues colores. Y siempre tendrán la opción de acudir a los catálogos que a través de la red de intenet hacen virales sus obras: https://www.flickr.com/photos/jp_croquineur/

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