El investigador Andrés Sarria presentó ayer su nuevo libro Fiestas y Toros en Tarifa (1952-1900)

No versa de la tauromaquia en sí, sino de los festejos que en la época abordada se celebraban y que sí giraban en torno al toro de lidia. Se trata de la publicación de su estudio, becado con el premio ‘Jesús Terán Gil’ editado por el Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento

El autor de la obra, Andrés Sarria, junto al edil de Cultura, Fran Terán/TAD
El autor de la obra, Andrés Sarria, junto al edil de Cultura, Fran Terán/TAD
El investigador Andrés Sarria presentó ayer su nuevo libro Fiestas y Toros en Tarifa (1952-1900)

 

A una hora muy taurina, muy lorquiana, a las cinco en punto de la tarde, tenía lugar ayer viernes en la Casa de la Cultura tarifeña, la presentación el nuevo libro del investigador tarifeño, Andrés Sarria, Fiestas y Toros en Tarifa (1592-1900) que en síntesis es obra generada a partir de la recopilación extraída por el investigador de los archivos municipales para documentar cómo eran las celebraciones públicas entre finales del siglo XVI y comienzos del XX. Su estudio, becado con el premio "Jesús Terán Gil" ve ahora la luz en este nuevo libro editado por el Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Tarifa.

 

La hora de presentación, aunque muy propia para eventos taurinos, tuvo más que ver con las medidas preventivas de la COVI-19, así como el aforo restringido en la sala pública.

 

Finalmente el ex-cronista oficial, Juan Antonio Patrón excusó su presencia por motivos personales y fue el concejal de Cultura, Francisco Javier Terán el encargado de presentar tanto a la obra como al investigador quien apuntó a que para el equipo de gobierno del que forma parte "es todo un orgullo que sigamos promocionando la cultura y editando nuevos libros en estos tiempos que corren (en relación a la pandemia), que viene a certificar el compromiso palpable con la cultura siempre de esta ciudad”.

 

El edil apuntó que el autor, es “doctor en historia, incansable investigador de nuestro municipio. Ha realizado un trabajo exquisito, exhaustivo sobre las celebraciones públicas de los festejos en la Tarifa entre de finales del siglo XVI a principios del siglo XX becado por este Ayuntamiento y esta delegación de cultura con motivo del premio de investigación del historiador y cronista Jesús Terán Gil”.

 

“Estudiar la fiesta es una bella y apasionante experiencia, nos acerca al espacio reservado a la expresión de valores y sentimientos, la celebración y sobre todo a la tradición y el pasado. El estudio de la fiesta tiene su origen en un movimiento romántico del siglo XIX, el Folklore, palabra de origen inglés que significa el saber de los pueblos, o sea el estudio de lo que un pueblo sabe, piensa o siente, está enraizado en los movimientos que parten de una mirada selectiva a los valores y sentimientos populares. Por tanto, saber de nuestro pueblo, de nuestro municipio nos enriquece aún más si cabe. En su estudio y en su historia vemos unos aspectos fijos, que no cambian con el paso del tiempo, una memoria colectiva de eventos y celebraciones que se repiten periódicamente, de generación tras generación, que constituye el corazón de esa comunidad. Sus tradiciones y sus creencias hacen toda una memoria colectiva. Disfruten de esta nueva obra que hoy ve la luz en Tarifa”, apuntó el concejal antes de dejar intervenir al propio autor.

 

Por su parte, en el inicio de su intervención el autor aclaró que “este no es un libro de tauromaquia, sino sobre festejos en los cuales se juega con reses a fin de conferir brillantez a la celebración y para el mayor regocijo del pueblo. No obstante, el asunto conlleva múltiples implicaciones: políticas, económicas, militares, de relaciones sociales, etc., que son examinadas con la debida exhaustividad. En definitiva, se trata de un estudio histórico explicativo de la vida cotidiana tarifeña entre finales del siglo XVI y comienzos del XX poniendo el énfasis en los acontecimientos festivos”.

 

En esta obra y en el propio resumen que de la misma ha realizado su autor, Andrés Sarria, incide en como durante la época estudiada “las festividades y demás acontecimientos de interés en la población constituyeron ocasionales pretextos para organizar una corrida o bien la suelta de reses por las calles para diversión de los vecinos. Estos regocijos habían sido en todo momento sin ánimo de lucro; por el contrario, suponían un gasto para las casi siempre exhaustas arcas municipales. A veces era un particular quien ofrecía altruistamente alguna res para su lidia y el posible reparto de la carne entre los pobres, si es que también se mataba el animal durante o tras el capeo”.

 

Los previos de la organización, como la búsqueda y traída de las reses, el montaje de la plaza, adquisición de materiales, pagar a operarios y proveedores; así como la simultaneidad de  otros juegos caballerescos, como; el de las cañas, máscaras, encamisadas, alcancías, la sortija y el estafermo” no son desvelados en esta obra recopilatoria de las costumbres populares desarrolladas en el municipio durante el periodo comprendido entre el 1592 y el 1900 en los albores de un recién estrenado siglo XX.

 

También aborda Sarria en su libro cómo los festejos taurinos servían de igual modo, tanto para el disfrute del populacho como para la financiación de “obras en iglesias, conventos, ermitas y otros organismos religiosos. Y a partir de la segunda mitad de la centuria, las obras públicas o bien distintos fines piadosos se convirtieron igualmente en motivaciones para organizarlas. En realidad, esta justificación se empleó como una excusa o artimaña para esquivar la legislación prohibicionista relativa a los festejos con toros de muerte. Pero incluso para estos casos se debía disponer de la preceptiva licencia. A pesar de que nuestra ciudad nunca obtuvo el permiso real, las autoridades locales obviaron este requisito a la hora de acordar o permitir festejo con reses” asegura el autor.

 

También de los lugares como plazas públicas que se acondicionaban para la celebración de los espectáculos como el caso de la plaza de Santa María, donde se ubica el actual Ayuntamiento donde se “montaban andamios para el público y las talanqueras para delimitar el recinto. Había que contratar a un garrochista o picador, y pagarle el caballo si moría o quedaba malherido. Además, si se mataban algunos de los toros, debía compensarse económicamente a los ganaderos que los hubieran aportado”.

 

Desde la vinculación con las festividades religiosas, o fechas señaladas en el seno de la monarquía, hasta como fuente de ingreso para el Estado “la fiesta de toros sobrevivió a la legislación prohibicionista y ha llegado hasta nuestros días” gracias en buena parte a su carácter asistencial  y tendría un punto de inflexión en el 1889 coincidiendo con la construcción de la actual plaza de toros lo que propició que “las corridas se convirtieron en el principal aliciente para que acudieran muchos forasteros de las localidades vecinas, mayormente de Algeciras y de Ceuta, pero también venían aficionados de Gibraltar e incluso desde Tánger”.

 

La importante tradición ganadera de Tarifa y de los alrededores que tuvo notable importancia y propició que reses tarifeñas fuesen lidiadas en distintas plazas en los siglos XVII y XVIII; así como un repaso a las sagas de criadores del toro de lidia en el término municipal son un capítulo reseñable de esta obra  que como asegura su autor: “es el fruto de la indagación en fuentes primarias; pero también de la consulta de una extensa bibliografía sobre tauromaquia y celebraciones públicas, además de crónicas y reportajes de periódicos y revistas. Como tal investigación histórica ha de ser valorado, al margen de que seamos entusiastas aficionados taurinos o vehementes antitaurinos. Desde luego, quien esto escribe ha puesto empeño en no expresarse a favor o en contra de la llamada fiesta nacional, una polémica no tan nueva como quizás algunos podrían pensar”.

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