Un experimento de la finca ‘El Molino’ en Guadalmesí consigue aprovechar los arribazones de alga asiática para plantar lechugas

Mediante el secado en un invernadero que el Parque Natural del Estrecho obliga a retirar, Johnny Azpilicueta ha creado un acolchado 100% de Rugulopteryx okamurae donde está cultivando lechuga rizada.

Lechugas cultivadas sobre un colchón elaborado con arribazones del alga asiática en la finca 'El Molino'/TAD
Un experimento de la finca ‘El Molino’ en Guadalmesí consigue aprovechar los arribazones de alga asiática para plantar lechugas

Dice el refrán que no hace más el que puede, sino el que quiere, y eso parece ser la tónica del papel de las administraciones públicas y las iniciativas privadas y asociativas en referencia al problema derivado de la omnipresencia en toda la costa andaluza del alga asiática la ya tristemente famosa “Rugulopteryx okamurae”. Porque mientras que las administraciones se lanzan la pelota apuntando a quién tiene la responsabilidad de atajar el problema, iniciativas como la del Aula de Educación Permanente de Adultos o la Asociación del Alumnado Algas del Estrecho, desarrollan varios e interesantes proyectos de aprovechamiento por revaloración de los arribazones de este alga que transformará el problema en suelas y/o cordones de zapatos y cosméticos, aportando una medida, que si no es la solución definitiva si es una medida paliativa.

 

Algo similar es el proyecto de permacultura, (lo más parecido a una agricultura arcaica sostenible con la tecnología y conocimientos actuales) que Johnny Azpilicueta dueño de la finca “El Molino” en las proximidades de la torre de Guadalmesí en la costa Este del término municipal tarifeño y dentro del ámbito territorial del Parque Natural del Estrecho experimenta desde hace años en el aprovechamiento de los arribazones de alga.

 

Fruto de este proyecto, Azpilicueta ha conseguido crear un acolchado elaborado 100% con arribazones de la Rugulopteryx okamurae donde ha conseguido sacar hacia adelante la plantación y crecimiento de ‘lechuga rizada’. La técnica para favorecer el cultivo de alimentos en este colchón natural es la siguiente: elegir arribazones de algas asiática expuestos al sol y al aire que lava en el mismo río. Luego son secadas en un domo, carpa de plástico tipo invernadero.

 

Según publica un especialista en el conocimiento y estudio del alga asiática, Antonio Vegara “de momento la salinidad y la bajada de PH que provocan los polisacáridos azufrados han sido neutralizados mediante la descomposición previa por la exposición al sol/aire, la hidrólisis con agua dulce, la eliminación de áridos presentes y el secado en el domo. Los resultados son muy prometedores, sobre todo porque su protocolo es tan natural, sencillo y barato como necesita una práctica popular que pueda retirar miles de toneladas”.

 

Lo curioso y que también indigna a quienes llevan años buscando solución al problema es que desde la Dirección del Parque Natural del Estrecho se “ha exigido desmontar el domo invernadero por ir contra el PORN por los que se dicta la figura protectora.  Ironiza al respecto Antonio Vegara “por lo visto en el Parque Natural no se permiten invernaderos, ni tampoco revisar sus limitaciones para adaptarse a las nuevas necesidades que provocan los cambios en el ecosistema que ni frenan ni erradican. Espero poder ayudar a facilitar una revisión más actual de esta medida” asegura el activista medioambiental.

 

Este se ha puesto en contacto con el director conservador del parque natural, Jorge Serradilla al objeto de conocer su valoración sobre la obligatoriedad de retirar el invernadero secador y la posibilidad de conceder un permiso especial para su mantenimiento en consideración al fin para el que está destinado. Serradilla ha manifestado al respecto que "la experiencia es muy interesante, al margen de requerir autorización la recogida de arribazones" y ha matizado que la instalación de carpas o cualquier otra infraestructura en el interior del Parque requiere licencia del Ayuntamiento local.

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