17:51 h. Martes, 13 de Noviembre de 2018

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30 años del hallazgo del primer cadáver de un inmigrante en Tarifa

El periodista Ildefonso Sena que registró la primera imagen del cadáver de un inmigrante en la playa de los Lances evoca el significado de aquel acontecimiento, triste presagio de las actuales tragedias en el Estrecho

Shus Terán/Ildefonso Sena  |  01 de Noviembre de 2018 (08:34 h.)
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Primera imagen del cadáver de un inmigrante realizada hace hoy 30 años/ Ildefonso Sena
Primera imagen del cadáver de un inmigrante realizada hace hoy 30 años/ Ildefonso Sena

 

 

Aquella mañana amaneció con levantera, gris y desapacible. Y aquella mañana hace hoy 30 años marcaría, más bien, remarcaría sin remedio posible, el hecho que Tarifa es un territorio fronterizo y que el Estrecho, supone aún hoy en día una franja difícil de flanquear y que divide el mundo civilizado, con los territorios pobres. Aquella mañana hace hoy 30 años, apareció en la playa de Los Lances, el primer muerto consecuencia del fenómeno de la inmigración clandestina, que ha deparado, y depara a lo largo de estos últimos treinta años, un rosario de muerte y la evidencia que las autoridades políticas con responsabilidades en ambas orillas, no han mostrado nunca verdadero interés por solucionar el drama de la inmigración que ahora muchos han convertido en ‘problema’ con un claro interés de rédito político. La demonización de la inmigración no solo vende, sino que genera incluso simpatía a pesar de los miles de muertos que hemos ido acumulando en nuestras orillas.

 

Un periodista de provincias, Ildefonso Sena captó aquella mañana del 1 de noviembre de 1.988 una foto que daría la vuelta al mundo, la de un joven de rasgos magrebí que se convirtió en primer testimonio gráfico de la tragedia de la inmigración de los pobres, de los sin recursos, de los que huyen, de los que escapan. Cubierto de arena, con la ropa mojada, cerca de la patera que selló su triste destino, el joven cadáver sin rostro, escupía la crudeza en un drama en ciernes.

 

Esa misma mañana la Guardia Civil encontró deambulando por la carretera a cinco jóvenes marroquíes quienes relataron al periodista que tanto ellos como el cadáver, pertenecían a una expedición de 23 personas que habían salido de la costa de Tánger, sobre la medianoche. Junto a la carga humana, unos bocadillos para la travesía y dos bidones de gasolina que les garantizase alcanzar la cercana alejada orilla cuya referencia la marcaban las luces de las casas que a medida que el oleaje se intensificaba, costaba más seguirlas. Seguramente en esa patera, se escuchase el fuerte viento de levante en aumento, las olas golpeando la madera de la inestable embarcación, y algunos rezos. Ya cerca de la costa tarifeña, una ola en la armura de babor, hizo que se produjera ‘un corrimiento de la carga’. La barcaza zozobró y todos cayeron al mar. Unos, los menos, alcanzaron la orilla, el resto…. Un cadáver aquella mañana. Otros dos la siguiente, y pasadas las horas fueron apareciendo con cuentagotas, otros tres, así hasta contabilizar un total de 9 fallecidos. Del resto, es decir 7 personas, todos varones marroquíes de entre 20 y 25 años, desaparecieron en las aguas del Estrecho y jamás se supo de ellos.

 

Antes se había constatado la llegada de inmigrantes, incluso se habían constatado alguna muerte, pero aquel 1 de noviembre se puso imagen a la inmigración clandestina gracias al trabajo periodístico de lldefonso Sena fotografió.

 

Un balance terrórífico durante estos 30 años

 

Desde aquel día hallazgos similares se han repetido con tanta frecuencia que en Tarifa la acogida de náufragos y refugiados llegados en patera se ha vuelto algo habitual. Algeciras acoge subraya en un estudio elaborado que desde aquella imagen hasta ahora 6.787 personas han fallecido o han desaparecido. El mismo estudio refleja que en total, en esas tres décadas, ha habido 235.568 entradas irregulares por mar,

Las organizaciones Algeciras Acoge y la Fundación Por Causa, han preparado un documento recopilatorio de la historia de estos años. Además han elaborado una infografía donde se recogen los hitos más destacados de estos 30 años de migraciones. Este informe se presentará en un acto público el día 5 de noviembre en Madrid con la colaboración de cuatro personas que han sobrevivido a la ruta del Mediterráneo Occidental. Un acto de denuncia y reflexión sobre lo que significa el modelo de Frontera Sur que paso a paso se va construyendo sobre la vida y las opciones de futuro de millones de personas.

Por otro lado para conmemorar la trágica efeméride´, el secretario de Migraciones de Cádiz ha organizado para el miércoles una concentración en recuerdo de todos los fallecidos. 

 

Un año que eleva los datos

Según los datos de la Agencia Internacional para Ayuda al Refugiado, Acnur, en lo que va de año han entrado irregularmente en España 53.187 personas, la mayoría de ellas por mar. Estrecho y Mar de Alboran se convierten en camino preferente y vuelve a aumentar el número de muertes: 504.

 

 

La foto de una historia interminable (por Ildefonso Sena)

 

Desde la fecha de una foto que me persigue, hasta hoy, el fenómeno de la migración irregular por el Estrecho se ha convertido en un problema global. Una circunstancia que no se ha sabido resolver por parte de los poderes públicos, quienes han ido aplicando una política de parches que, como era de esperar, no sólo no ha aportado soluciones sino todo lo contrario.

En 1988, la migración a través de la calle más transitada del mundo era algo que había dejado de ser un hecho puntual. Durante toda esa década a punto de concluir la llegada de pateras era algo muchísimo menos frecuente que en años posteriores y en nuestros días. Primero, la Guardia Civil creía que se trataba de porteadores de droga que ya se habían desecho de los fardos y, por lo tanto, no podía acusarlos de narcotráfico. La figura legal a aplicar era la de “paso clandestino de fronteras” y, con ella como argumento, eran devueltos de inmediato a Marruecos pues el 99 % eran del reino vecino, además de algunos argelinos.

El suceso de hace 30 años fue un revulsivo pues, hizo falta que murieran 18 personas para que el mundo volviera la vista al Estrecho para darse cuenta de que algo estaba pasando. Algo de mucho calado, como luego hemos comprobado con desesperación e impotencia.

No fui consciente, cuando conté el naufragio, de la trascendencia de aquel artículo y de aquella fotografía publicada en Diario de Cádiz. Era un suceso que había que contar, como otros muchos. Pero no podía imaginar, ni por asomo, que sería el primer capítulo de una historia interminable de la que formé parte contando muchos más, incluso de una magnitud superior, en los años venideros y hasta que dejé el periodismo activo.

Entre aquel 1 de noviembre y este, nada ha cambiado excepto que disponemos de más y mejores medios en el Estrecho para evitar muertes aunque no todas. Porque el cementerio del Estrecho sigue abierto en horario de 24 horas todos los días del año sin distinción de laborables y festivos.

Y, desgraciadamente, no creo que vaya a cambiar. Mi confianza en el hombre como especie es escasa. Y la historia de la humanidad se basa en el flujo de personas de un lado a otro. Eso es imparable. La vieja y culta Europa tiene un gran reto por delante, pero no aprecio voluntad política de afrontarlo.